Negando las raíces digitales

Tengo que confesar que a veces me siento un poco como Carrie Bradshaw, escribiendo ideas sobre cuestiones que me pasan en la vida real, pero tratando de llevarlas a hechos cotidianos. En este caso, no voy a hacer nada diferente de eso.

Me resulta sumamente molesto que, al querer ir cambiando el tema de los blogs, cambiar su perfil, sus ideales y el tipo de posteos que quieren encarar, los dueños de los mismos decidan cerrarlos, limitar el contenido viejo que tenían y básicamente perder todo su pasado. Es como si quisieran “enterrar” lo viejo, ocultarlo, sacarlo de vista, de los buscadores y básicamente eliminar todo registro de esto en Internet.

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Es cierto que, a medida que vamos creciendo personal y profesionalmente, hay cosas de nuestro pasado que nos pueden causar gracia y a veces hasta nos pueden dar un poco de vergüenza, pero estoy convencida de que jamás debemos renegar de nuestras raíces, ya que son la mejor prueba de por qué hoy somos quienes somos. La curva de aprendizaje que atravesamos no puede ser más clara que nuestro pasado y presente dispuesto a la vista para que todo el mundo entienda cómo y por qué evolucionamos (si es que lo hicimos), o por que no lo pudimos hacer, y por qué seguimos intentándolo.

Muchas veces vi gente que cerraba sus blogs porque ahora iban a ser más profesionales e iban a tratar otros temas. También esto responde muchas veces a cuestiones de SEO y posicionamiento de keywords, pero no es nada que una buena estrategia de SEO no pueda solucionar… Obviamente, en muchos otros casos, directamente se necesita cambiar el nombre completo del blog, porque la temática va a cambiar drásticamente, pero creo que el contenido original debería quedar disponible en los archivos, para que cualquiera pueda hacer una rápida búsqueda sobre los temas de los que solían hablarse, o quizás artículos de interés que nos gustaría volver a leer en algún momento.

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Eliminar el pasado digital no lo hace desaparecer, solamente se usa para “tapar a futuro”, pero nos hace perder nuestra identidad de base, nuestras creencias, nuestra idiosincracia digital por decirlo de alguna manera, y no me parece la manera más sana de hacerlo. Obviamente entiendo que hay muchas personas que no resisten archivo y que quieren deshacerse de sus dichos pasados… pero no sería mucho mejor hacernos cargo de lo que dijimos, lo que escribimos, los temas que tratamos y demostrar cómo y por qué hemos evolucionado?

Sin ir más lejos, hace mucho tiempo escribí un posteo sobre por qué Mac estupidiza a sus usuarios… creo que en sí fue el posteo que más interacciones generó en todo el blog, y no pretendía generar una polémica vacía sobre “blanco vs negro” y que la gente encarara una lucha voraz en los comentarios, sino que simplemente pretendía aclarar mi visión sobre el por qué de mi preferencia personal de Microsoft sobre cualquier otro. Hoy en día soy la orgullosa dueña de un iPhone, y por cuestiones de funcionalidad/tiempo y “necesidad de estupidización” (no tengo tiempo que perder buscando información, buscándole la vuelta y claramente con esto estoy perdiendo mucho conocimiento sobre móviles en general, ya que me acostumbré a la comodidad de tener todo servido al alcance de un sólo botón), puedo decir que no compraría un teléfono con Android nunca más…

Obviamente que también tuve un Windows Phone, que me pareció simplemente espectacular, pero la falta de aplicaciones oficiales, y la lamentable noticia de la falta de actualización oficial de software, hizo que terminara desistiendo de este excelente dispositivo que me había parecido la mejor maravilla del mundo. De hecho, sigo opinando que en cuestiones de hardware, Nokia (ahora parte de Microsoft), siempre fue de los mejores productos del mundo… pero lamentablemente, la facilidad y comodidad que brinda un iPhone con iOS y las millones de apps disponibles, funcionales y actualizadas en el momento, son inalcanzables para el mercado del Windows Phone, donde ningún desarrollador quiere arriesgarse.

En definitiva, estoy en contra de borrar el pasado digital… prefiero que lean mi primer posteo, que vean mi evolución, que conozcan los temas que me interesa, los que siemrpe quise tratar, los que odio… las cuestiones personales y los gadgets que he compartido como favoritos a lo largo de este tiempo, y que siempre puedan referirse a cualquier parte del blog que en algún momento les haya interesado y/o gustado, y no que pierdan todo registro de lo que alguna vez fue.

Todo a su debido tiempo

La verdad es que tengo que reconocer que, gracias a mi mamá, conocí Tron en su momento, en tiempo y forma, cuando era chica y aprecié en su máximo esplendor todo lo que eso significaba. También gracias a ella, vi la trilogía original de Star Wars, que tanto me gustó. Nunca tuve la necesida de “posarme en tiempo y forma para entender” ninguno de los clásicos.

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También tuve la suerte de conocer los cuentos clásicos, todas esas historias para niños que hacen que hoy adore la serie “Once upon a time”, y tuve la suerte de que “La espada en la piedra” fuera mi primer VHS (ese que vi cien millones de veces cuando tenía 6 años y descubrí mi primer reproductora de videocasettes!).

Fui ama y señora de la televisión y los programas que miraba, desde 33 millones con Lita de Lazari, Utilísima en canal 9, Yo me Quiero Casar, Xuxa, Luisa Delfino y hasta los clásicos del cine que veía todos los viernes a la noche en donde me encontré El Fantasma de la Ópera, Lo que el Viento se Llevó, El Mago de Oz, Casablanca, Descalzos en el Parque y demás super clásicos de la historia del cine.

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Jamás tuve que ponerme a pensar que “en el momento en el que esto se estrenó, los efectos especiales eran buenísimos”, ni siquiera con Terminator, porque vi la 1 cuando tenía menos de 6 años y, aunque me moría de miedo, no podía dejar de mirarla y anonadarme con la película de “el de los fierritos”.

Cuando estos clásicos se llevan al mundo en el que vivimos hoy (por ejemplo con la trilogía precuela de Star Wars o incluso la triste Tron 2), me siento orgullosa de mi infancia, de haber disfrutado del arte fílmico e histórico de la manera que lo hice, de poder haber leído Peter Pan y El Principito en diferentes etapas de mi vida, entendiendo todo de manera completamente diferente cada vez.

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Seguramente a ustedes también les pase, o no, quizás estén parados en la vereda del “yo no la vi!!!!” y tengan que sentarse a ver clásicos situándose en tiempo y espacio, lo que hace más difícil apreciar lo que realmente pasó.

Ojalá todos tuvieran la oportunidad de sólo preocuparse por ser chicos cuando les corresponda, y no estar metidos en problemas de adultos hasta que no tengan la edad necesaria para afrontarlos. Seamos eternos niños y disfrutemos de la vida 😀